Perdida en la quinta dimensión

Abrí los ojos y no sabía dónde me encontraba. Miré a mi alrededor y parecía un bosque, como el que tantas otras veces visitaba en mis “viajes”, pero esta vez había algo diferente: relojes por todas partes. Fui paseando entre ellos, como si siguiera un sendero de tiempo y observé que todos avanzaban hacia adelante, como debería hacer un reloj, pero había uno que retrocedía. Me paré a mirarlo con detenimiento. Su movimiento a la inversa casi me hipnotiza. Parpadeé mientras llevaba la mirada al frente. A lo lejos vi otro reloj diferente por su forma, me pareció una clepsidra griega, aunque en vez de contener agua, tenía aire: una especie de fuerza magnética mantenía el viento en movimiento en un recorrido interno y este hacía mover unos engranajes que rodaban sobre sí mismos y estaban grabados con unos símbolos extraños. ¿Qué querrían decirme con esta visión?

Entonces, empecé a escuchar esa música cadenciosa y apareció ella: sus trenzas enmarcaban un rostro que había visto ya muchas primaveras; de su cabello pendían plumas y cintas de cuero, mientras que de su cuello colgaban varios collares de conchas y cuentas. Estaba sentada con las piernas cruzadas y entre ellas tenía un tambor recubierto de pelo marrón y blanco. Con sus dos mazas tocaba el tambor de forma alterna, ofreciendo un sonido un tanto trémulo y profundo. 

Me acerqué a ella, pues supuse que sería la encargada de darme el mensaje esta vez. 

—Hola —dije sin más. 

—No te obsesiones con el tiempo —me espetó sin esperarlo. No hice mucho caso. 

—¿Por qué hay tantos relojes? —la interrogué para ver si podía entender mejor ese mensaje. 

—Es para recordarte que el tiempo es algo terrenal, propio de la tercera dimensión que habitas.

—¿Y qué tipo de reloj es ese tan extraño? —pregunté señalando la especie de clepsidra. 

—Es tu reloj de viento celestial. 

—¿Mío?

—Sí, marca tu tiempo de evolución espiritual. 

Me quedé mirando el funcionamiento de dicho reloj un poco aturdida. 

—Si el viento se mantiene en movimiento y está casi todo en el recipiente de abajo, ¿qué significa?

—Pues que tu tiempo de evolución está llegando a su fin. Pronto recibirás tus dones. 

—¿Dones?

No tuve tiempo ni de terminar mi pregunta cuando todos los relojes empezaron a sonar de golpe. El ruido ensordecedor me obligó a taparme los oídos con fuerza, pues parecía que los tímpanos iban a explotarme. Cerré los ojos al tiempo que cubría las orejas con mis manos. 

Al cabo de unos segundos, todo cesó: el ruido, la música y la visión. 

Aparecí de nuevo en la sala de meditación. El olor de incienso llegó a mi olfato antes de que abriera los ojos de nuevo. Cada vez mis meditaciones era más… vívidas. Ahora me tocaba interpretar el mensaje recibido.

Lídia Castro Navàs.

4 comentarios sobre “Perdida en la quinta dimensión

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